FORTALEZA MILITAR PAN DE AZUCAR


 

PAN DE AZUCAR: LA FORTALEZA MILITAR DEL SIGLO XIX

Cnl. DAEN Julio Cesar Maldonado Leoni

INTRODUCCION

Encarar el estudio de la Historia Militar en base a los vestigios existentes, llega a ser la tarea más apasionante, porque permite establecer un diálogo entre el investigador y el hecho o fenómeno histórico para comprender las razones que generaron su existencia o construcción, con el riesgo de interpretar con la experiencia actual y no bajo las circunstancias y realidad de ese momento histórico, que debe ser la premisa que guíe a la investigación.

A pocos kilómetros de la ciudad de La Paz, en medio del altiplano paceño, existe un actor silencioso, inmóvil que fue testigo de tres momentos diferentes de la historia militar de Bolivia, cuyos grandes misterios se deben desentrañar para enseñanza de las nuevas generaciones, este actor mudo es la fortaleza militar de Pan de Azúcar.

Esta fortaleza fue usada en la época precolombina, se desconoce si lo fue en la colonia, pero sí tuvo valor militar nuevamente en la primera mitad del siglo XIX. Cuenta con un diseño digno de estudio desde el punto de vista militar y aún existen las evidencias para interpretar los fenómenos y hechos militares.

La presente investigación se basa inicialmente en el somero estudio de la arquitectura y fortaleza militar, para luego entrar en detalle a la descripción de la que quizás, sea la única fortaleza militar con que cuenta Bolivia, otorgándole el valor histórico a la colina de Pan de Azúcar, con la ubicación apropiada en el espacio y en el tiempo, para llegar después a la descripción de las partes y usos de la fortaleza. Termina el estudio con la formulación de conclusiones que expresan la necesidad de declarar a esta fortaleza: patrimonio histórico nacional y crear en base a ella, el primer parque nacional histórico.

ARQUITECTURA Y FORTALEZAS MILITARES

La arquitectura militar en el estudio de la Historia Militar, tiene un gran valor en el sentido de disponer de una fuente primaria real y objetiva para la interpretación de los hechos históricos y la comprensión del pensamiento militar de ese momento; lo que resulta un gran aporte para la ciencia y arte militar, el estudio comparado con los fenómenos actuales y las proyecciones que se pretendan encarar.

Para el soldado, el terreno ha tenido y tiene un valor estratégico y táctico fundamental, facilita la organización y el apoyo logístico, llegando a ser el esqueleto de la ciencia militar; de ahí que se observa con singular atención al desarrollo de una arquitectura que sirva a la defensa, particularmente cuando se han logrado avances e incursionado en territorios conquistados por el guerrero.

De este criterio se desprende el concepto usado tanto por militares como por la iglesia para formar las fortalezas, en el primer caso con la denominación propia de fuertes militares y en el segundo, con las iglesias fortificadas.

Cada una tiene su razón, las iglesias fortificadas respondían a la necesidad de contar con una instalación que proteja a los monjes de ataques de los nativos en sus tareas de evangelización, es decir, eran fortalezas inexpugnables a extraños, ejemplo de estas iglesias fortificadas son: el templo de La Merced en Sucre y de Copacabana[1].

 

En cambio las fortalezas militares, fueron construidas con el propósito de establecer una guarnición militar con carácter específico de fuerte, en forma permanente o temporal, que servían a los fines estratégicos o de la táctica militar, según los objetivos fijados; entre ellos están los de la periferia fronteriza y las del interior, por ejemplo: Las Piedras en Pando[2] y Samaipata responden al criterio de la periferia; en cambio Incallajta y Pan de Azúcar, concierne al criterio del interior, en ambos casos el sentido es el mismo: contar con ciudadelas militares que faciliten sus propósitos estratégicos o tácticos.

Para el caso que corresponde, Pan de Azúcar es una fortaleza militar de gran valor para el estudio de la Historia Militar por los restos que aún quedan y por el uso que tuvo en tres momentos diferentes de la Historia de Bolivia.

VALOR HISTORICO DE PAN DE AZÚCAR

La Fortaleza de Pan de Azúcar se encuentra ubicada cerca a VIACHA en el  Departamento de LA PAZ, a 30 minutos de viaje en vehículo motorizado desde el centro de la ciudad. Es una colina de granito que al momento del trabajo de campo, realizado con la inspección ocular en el lugar mismo, se verificó que es una cantera de explotación de piedra realizada por los vecinos del lugar, con el grave peligro de destrucción de esta edificación de alto valor histórico militar.

 

La ubicación en el tiempo, tiene mayor trascendencia por que fue construida por los collas, a quienes se debe todavía dos torreones que aún se aprecian. Utilizaron para esta construcción piedras talladas que se encuentran unidas.

No se tienen evidencias si esta fortaleza fue utilizada durante la colonia o si fue abandonada, queda la duda del valor militar que los españoles podían haberle dado a esta construcción.

Para una ubicación adecuada en el tiempo particularmente, se sitúa en el siglo XIX, bajo la presidencia del Gral. José Ballivian, entre los años 1841 y 1843. Esta es la de mayor interés por la relación directa que existe con dos batallas: la de Ingavi en forma directa y una probable relación con la batalla de Letanías, años más tarde.

Fue el presidente Gral. José Ballivian, que después de la Batalla de Ingavi en previsión de una nueva ofensiva peruana, ordenó la reconstrucción de esta fortaleza, por la ubicación estratégica y táctica de Pan de Azúcar desde el punto de vista militar, que demostró contar con una gran ventaja que podía ser aprovechada por el conductor militar en el control de la altiplanicie y despliegue de las tropas.

La obra fue encargada al ingeniero militar Felipe Bertres[3] y se basó  en la antigua construcción colla, edificada en el cerro Pan de Azúcar, probablemente era un bastión (fortificación pentagonal) con cinco torreones, de los cuales en la actualidad, solo se pueden apreciar tres, dos de forma cuadrangular y uno de forma circular. Cada torreón es de piedra tallada con muros de 5,5 metros de ancho y cuenta con un espacio de operación de dimensiones considerables de cerca de 35 metros de diámetro. El diseño pentagonal ha permitido colocar a las torres en cada ángulo formado, respondiendo al estilo arquitectónico del siglo XVIII y se relaciona mucho con las fortalezas de las costas del Caribe y del Pacífico, construidas por ingenieros italianos y españoles para defenderse de los piratas[4].

 

Los torreones de forma circular son los más antiguos, se puede apreciar uno de ellos con precisión, en cambio el segundo, es difícil de concebirlo. Estos torreones fueron construidos por los collas, es decir, son lo que ya existían y sobre la base de éstos, el ingeniero Bertres realizó la reconstrucción de la fortaleza militar.

Los torreones en forma de cuadrado, en número de dos  se pueden apreciar a cabalidad, en realidad tienen la forma de puntas de lanza vistos desde un ángulo del torreón central de la colina.

Todas las construcciones realizadas por el ingeniero Bertres en el siglo XIX son de adobe y piedra. De adobe los muros que cierran el pentágono y de piedra los torreones y las bases de los muros

Unen a los torreones muros de tres metros de ancho de adobe macizo con  cimiento de piedra de altura considerable – 2,5 a 3 metros de altura – que aún se aprecian en tres lados del pentágono.

Se puede observar la existencia de tres anillos de seguridad perimétrica fuera del primer muro defensivo, es decir, que además de contar con los torreones unidos por el muro perimetral, existen tres anillos de seguridad que le da a la fortaleza el sentido de defensa en profundidad frente a cualquier eventualidad.

Estos anillos se ven formados por zanjas de 4 metros de ancho con un criterio más de obstáculo que de trinchera. Parece que la razón de su construcción se debe a la visión defensiva anterior a la conquista que a la época contemporánea.

Al centro de la fortaleza existe una colina natural de granito, en la que existen evidencias de la construcción de un torreón enorme desde la que se domina toda la altiplanicie. En esta cima se encuentra una plataforma de piedra como una especie de atalaya en forma circular, probablemente como parte del torreón y como una forma de protección a manera de parapeto. Esta plataforma permite una vista en profundidad a los 360 grados para cualquier alerta temprana a través de la vigilancia.

 

Pan de Azúcar con seguridad ha sido el testigo silencioso, primero de la visión y talento militar de los conductores de esas épocas; segundo, es el actor pasivo principal de los hechos de combate que se desarrollaron en esa zona; y tercero, constituye la fuente básica de estudio de la historia militar que encierra muchos misterios y verdades aún no descubiertas que deben ser develados.

CONCLUSIONES

Desde el punto de vista militar, Pan de Azúcar es uno de los monumentos más interesantes de la primera mitad del siglo XIX, aunque sus orígenes son de carácter precolombino. Lo más sobresaliente, esta fortaleza es única en su género en Bolivia,  tiene mucha relación con los fuertes construidos en las zonas costeras del Caribe y del Pacífico, trabajos realizados por ingenieros italianos y españoles con criterio defensivo de las plazas contra los ataques de los piratas. Esto despierta el interés de declarar esta fortaleza Patrimonio Histórico Nacional por la importancia que reviste en la interpretación de tres momentos de la historia nacional: La primera de carácter precolombino cuando se construyó esta fortaleza;  la segunda aún difusa, porque falta determinar si fue utilizada durante la conquista; y la tercera durante la primera mitad del siglo XIX como necesidad de protección frente a una nueva invasión peruana, en la que fue reconstruida con criterios contemporáneos.

Esta declaración de Patrimonio Histórico Nacional debe estar acompañada del diseño del Primer Parque Nacional Histórico, donde se enseñe a las generaciones de ciudadanos bolivianos y a los cadetes de los institutos militares: la Historia Militar en el lugar de los hechos, con la presentación de videos históricos pertinentes, un museo militar de la época, paseos por los lugares donde se desarrollaron los combates y batallas y otras consideraciones militares de carácter estratégico y táctico que la investigación más detallada y profunda permitirá descubrir.

Resaltando la importancia de esta investigación por la proyección que tiene el estudio de la Historia Militar en todas sus expresiones, desde el criterio de la conducción estratégica militar, pasando por la táctica, llegando inclusive al estudio histórico de la arquitectura militar; todo esto será posible en base a la investigación militar inicial, para concluir en la declaración de Patrimonio Histórico Nacional y finalmente del Parque Nacional Histórico, todo esto bajo la dirección de la Academia Boliviana de Historia Militar.


[1] GISBERT TERESA en “La Arquitectura Militar en Bolivia durante los siglos XVI, XVII y XVIII”, La Paz, 1977. Hace una división interesante de la arquitectura militar e ilustra sus mociones con fotografías de las iglesias que toman formas militares para la defensa.

[2] Las Piedras es una Fortaleza militar de los incas muy poco conocida y explorada por la lejanía en la que se encuentra, a orillas del rio Beni en la ribera opuesta a Riberalta (N. del A.)

[3] Felipe Bertres, de origen francés radicado en la Argentina emigró a Bolivia y encaró varios trabajos de ingeniería en el Siglo XIX (Gisbert Teresa, Ob. Cit., Pag. 69)

[4] MESA JOSE DE, GISBERT TERESA en “Monumentos de Bolivia”, La Paz; 1978; pags. 143, 144


PAN DE AZUCAR: LA FORTALEZA MILITAR

Cnl. DAEN Julio Cesar Maldonado Leoni

INTRODUCCIÓN

¿Existen testimonios de las cualidades guerreras de los pueblos originarios del Estado Plurinacional?

Es el primer cuestionamiento que se hace en el marco del estudio de la Historia Militar, que debe ser respondida con el mayor rigor científico, para lo que se recurre a hechos o fenómenos que permiten desentrañar verdades ocultas o no perceptibles.

Este es el caso de Pan de Azúcar, un pequeño cerro con características simétricas hermosas y atrayentes, ubicado a pocos kilómetros de la ciudad de La Paz, en medio del altiplano paceño, como un actor silencioso, testigo inamovible de hechos de diferentes épocas de la Historia Militar de Bolivia, cuyos grandes misterios se deben descubrir para enseñanza de las nuevas generaciones.

Este actor mudo es la fortaleza militar de Pan de Azúcar.

Esta fortaleza fue construida en la época precolombina, tuvo un gran valor militar en la primera mitad del siglo XIX y en pleno siglo XX se le quiere dar el verdadero sentido que tuvo con fines militares y religiosos.

Las figuras geométricas llaman la atención y siguen siendo los enigmas para descubrir muchos misterios que todavía encierra esta fabulosa obra de arte y de gran valor arquitectónico por las relaciones militares y religiosas que tiene.

 

UBICACIÓN GEOGRÁFICA DE LA FORTALEZA.

La fortaleza militar de Pan de Azúcar se encuentra en el Departamento de La Paz, en la Provincia Ingavi, pertenece al Distrito 3 rural del municipio de  Viacha.

Desde el punto cero de la ciudad de La Paz – Plaza Murillo – siguiendo en dirección sudoeste, a 32 kilómetros, se encuentra Pan de Azúcar, desde la ciudad de El Alto, la fortaleza se ubica a 20 kilómetros.

Las personas que en el pasado viajaban en ferrocarril, podían apreciar la belleza de este cerro, porque la línea férrea pasa aun por un costado de esta patrimonio militar, con la diferencia que no se percataban de los misterios que encierra este símbolo de la cultura boliviana.

Desde la ciudad de La Paz, se llega al lugar en viaje motorizado en un tiempo de 45 minutos y de llega a la misma altiplanicie de la región andina occidental, con poca población, siendo lo más sobresaliente en el planoalto andino, las alturas del cerro Pan de Azúcar.

VALOR HISTÓRICO DE PAN DE AZÚCAR

El valor histórico de Pan de Azúcar se encuentra en el primer testimonio que representa para la cultura boliviana desde su construcción en la época precolombina, de gran uso ritual y probablemente guerrero, y como segundo testimonio, ya en el periodo republicano en el siglo XIX, con un valor propiamente de fortaleza militar.

No se puede todavía afirmar el momento de construcción de este lugar sagrado para los habitantes primigenios del territorio boliviano, probablemente corresponda al mejor periodo de apogeo de la cultura tihuanacota por el manejo de la piedra pulida y la forma de construcción de los muros de piedra, lo que nos lleva a deducir, por la similitud, que si es una extensión del imperio tihuanacota, más  o menos a partir del siglo IV, cuando se inicia el periodo imperial de Tihuanacu.

El segundo testimonio, está más claro y está ubicado temporalmente en el siglo XIX, ya en el periodo republicano de Bolivia, más exactamente a partir de la victoria en la Campaña de Ingavi, el año 1941, el Mariscal José Ballivian le encargo al ingeniero de origen francés, Don Felipe Bertres[1], que reconstruyera la fortaleza Pan de Azúcar en previsión a una contra ofensiva peruana, después de la derrota sufrida en los campos de Ingavi, en la que el ejército boliviano salió victorioso, con lo que se selló la consolidación de la entonces República de Bolivia, hoy llamado Estado Plurinacional de Bolivia.

La ubicación en el tiempo, tiene mayor trascendencia porque se supone que fue construida en la época de tihuanacu,  a quienes se debe todavía dos torreones de forma circular en la parte inferior de la colina, y el torreón mayor también circular que se encuentra en la cima, que aún se aprecian.

Utilizaron para esta construcción piedras talladas que se encuentran unidas con el mismo estilo de las ruinas de Tihuanacu.

No se tienen evidencias si esta fortaleza fue utilizada durante la colonia o si fue abandonada, queda la duda del valor militar que los españoles podían haberle dado a esta construcción.

Sin embargo, teniendo una ubicación adecuada en el tiempo, particularmente en el siglo XIX, bajo la presidencia del Mcal. José Ballivian, entre los años 1841 y 1843 se tiene evidencia del valor militar que se le dio.

Esta relación es la de mayor interés por la evidencia directa que existe con la Campaña de Ingavi y una probable relación con la batalla de Letanías, que ocurrió años más tarde.

Por la visión estratégica del Mariscal Ballivian, que después de la Batalla de Ingavi en previsión de una nueva ofensiva peruana, ordenó la reconstrucción de esta fortaleza, por la ubicación geográfica estratégica y táctica de Pan de Azúcar desde el punto de vista militar, que demostró contar con una gran ventaja que podía ser aprovechada por el conductor militar en el control de la altiplanicie y despliegue de las tropas.

En este sentido, el ingeniero militar Felipe Bertres se basó  en la antigua construcción tihuanacota, edificada en el cerro Pan de Azúcar, probablemente era un bastión ancestral de rituales y fortalecimiento guerrero (fortificación pentagonal) con cinco torreones circulares, de los cuales en la actualidad, solo se pueden apreciar tres de esa época. Cada torreón es de piedra tallada con muros de 5,5 metros de ancho y cuenta con un espacio de operación de dimensiones considerables de cerca de 35 metros de diámetro. El diseño pentagonal ha permitido colocar a las torres en cada ángulo formado, bajo un estilo arquitectónico característico del siglo XVIII y se relaciona mucho con las fortalezas de las costas del Caribe y del Pacífico, construidas por ingenieros italianos y españoles para defenderse de los piratas[2], sin embargo, es necesario subrayar la idea que esta fortaleza fue concebida ya en el siglo IV probablemente, y que tiene similitudes con las fortaleza del siglo XVIII, de otra manera no se podría explicar que el Ingeniero Bertres, de la escuela arquitectónica del siglo XIX, se dedicó a la reconstrucción sobre la base pentagonal que ya existía desde siglos atrás.

VALOR TEMÁTICO DE PAN DE AZÚCAR.

Desde el punto de vista temático, Pan de Azúcar tiene un valor militar y cultural-religioso.

Tiene valor militar, porque llega a ser la máxima expresión y testimonio arquitectónico de lo que representa una fortaleza militar de valor estratégico y táctico para el guerrero, primero precolombino, luego republicano.

Tiene valor cultural-religioso porque llega a ser la máxima manifestación de la cosmovisión y religiosa de una cultura milenaria de avanzada como fue el Imperio Tihuanacota, por los rituales que se realizaban y que aun continúan realizándose como parte de la herencia histórica ancestral. Cultura que siglos más tarde, en el XIX, en una especie de simbiosis se conjuncionó con el modernismo europeo enraizado en la naciente república que acababa de sellar su independencia con la consolidación de su libertad en la Campaña de Ingavi.

 

 

VALOR MILITAR DE PAN DE AZÚCAR.

En la gran fortaleza militar de Pan de Azúcar desde el punto de vista militar se pueden apreciar una serie de elementos que hasta el presente persisten dentro de la llamada Estrategia de la Guerra.

Comencemos la descripción con las figuras geométricas con la precisión y el arte más sobresalientes, donde el circulo llego a ser la figura más perfecta de uso en la fortaleza, primero en los torreones en su   verdadero significado militar como es la torre más grande que permite la defensa de un lugar, una plaza militar o un área vital de valor estratégico.

En Pan de Azúcar se aprecian tres torreones de la época precolombina en forma circular, la más grande, se encuentra en el centro y es la mayor construcción realizada de pura piedra, sirve como plataforma de visualización y atalaya de defensa de largo alcance que permite observar la gran altiplanicie en profundidad.

Los dos torreones menores que se encuentran en las faldas del cerro, una todavía en forma casi completa y la otra casi en estado de desaparición, también de forma circular, llegan a ser las avanzadas intermedias de la fortaleza militar que dan profundidad a la defensa y espacio para la maniobra militar.

Estas obras de arte militar fueron construidas de piedra pulida y acomodadas verticalmente y en forma circular con una precisión geométrica que denota una arquitectura de conocimientos avanzados de una cultura que si sabía manejar las formas geométricas, con el uso adecuado de los espacios tanto en el sentido horizontal como vertical. En el sentido horizontal por las equidistancias que existían desde el torreón central a los torreones avanzados, así como las equidistancias que existían desde un torreón circular a otro. Todo esto representa el manejo perfecto de distancias y figuras geométricas perfectamente diseñadas por la genialidad militar de la mente humana, lo sobresaliente, en épocas del pasado previo al uso occidental de fortalezas militares, propias de la modernidad.

En cambio los torreones reconstruidos por el ingeniero Felipe Bertres a mediados del siglo XIX, por encargo del Mariscal Ballivian, vencedor de Ingavi, frente a las tropas peruanas del General Gamarra que invadieron territorio boliviano, ante una nueva invasión, en la que se tomaron los recaudos en esta fortaleza, tienen forma de punta de lanza, como si fuera una almena – cada uno de los prismas que coronan los muros de las antiguas fortalezas que servían para resguardar en ellas a los defensores – pero en lugar de estar en forma vertical, toma la posición horizontal de penetración en la profundidad de las formaciones de combate militar.

Esta forma típica de punta de lanza, tiene el propósito militar de romper la armonía del dispositivo de ataque de las fuerzas enemigas que avanzan hacia la fortaleza, de manera de contar con una posición avanzada – punta de lanza – que rompa esa uniformidad en la formación militar.

El manejo de ángulos en punta de lanza es una concepción diferente al manejo circular de los torreones, la punta de lanza es más ofensiva en el carácter pasivo del concepto de la defensa, lo que le da el dinamismo necesario a la fortaleza militar que se defiende con una avanzada de fuerzas que ocupan los torreones en forma de punta de lanza para romper el dispositivo enemigo y desarticular su maniobra los más adelante posible y los mas antes, para dar espacio a las fuerzas que se encuentran en el interior de esta línea defensiva contraatacar a un enemigo que se encuentra desorganizado y desarticulado por efecto de la posición de punta de lanza que representa el torreón angular.

Estas figuras circulares como angulares que conforman los torreones, se complementan primero con el manejo geométrico de las líneas rectas que unen a los torreones entre sí, dándole una mayor consistencia de protección y de resistencia al esfuerzo y propósito que cumplen los torreones.

En el caso de Pan de Azúcar, las líneas que unen a los torreones llegan a ser murallas de más de tres metros de alto y también casi tres metros de ancho, una construcción de adobe y piedra que rodea a todo el cerro, dándole la consistencia y seguridad a la fortaleza militar. Estas líneas rectas están conjugadas con el criterio defensivo de evitar el acceso libre por los espacios que encuentran entre los torreones, de manera de cerrar en forma continua el criterio defensivo del recinto, sin dar opción a presentar lados débiles en la fortaleza.

De esta manera, la unión de círculos, ángulos y líneas rectas, forman una figura perfecta del mejor concepto de defensa en materia de las llamadas fortalezas militares de resguardo y protección de áreas vitales de gran valor estratégico.

Esta figura geométrica formada por la unión de líneas, círculos y ángulos, que de por si da la sensación de garantía, es el PENTÁGONO.

Una fortaleza construida con este sentido es el resultado de la mayor percepción de la estrategia militar que en terminología de la guerra se denomina bastión. Un bastión es una obra de arte de fortificación en forma de un pentágono, propio de los recintos fortificados que llegan a ser las fortalezas militares. Es la conjugación de diferentes figuras geométricas como son los círculos, los triángulos y las líneas rectas en la aplicación de la defensa de un recinto de valor estratégico. El pentágono permite una defensa y control del espacio a los 360º con la cualidad de contar con ángulos que penetran en profundidad y en cinco direcciones – cada uno de los torreones de avanzada – para dislocar toda formación enemiga que avance en armonía y ritmo de combate. Condición que no cuenta el circulo perimetral de cualquier otra fortaleza, figura que facilita el envolvimiento enemigo, a diferencia del pentágono que quiebra y desarticula las formaciones de combate enemigas.

Retornado nuevamente a la figura geométrica del circulo, se completa el concepto defensivo de la fortaleza militar con anillos de seguridad perimétrica que se encuentran ubicadas lo más adelante posible, que permita mantener el vínculo orgánico de fuerzas adelantadas con las principales fuerzas de combate.

Es decir, se conforman anillos de seguridad a manera de trincheras avanzadas que permita contar con  fuerzas adelantadas como complemento a la organización del terreno realizada. Este criterio defensivo se aprecia con claridad en la fortaleza militar de Pan de Azúcar al observar delante del bastión pentagonal, dos círculos de seguridad que penetran en la profundidad del altiplano, para dar mayor espacio de maniobra y de acción a las fuerzas militares.

Esto demuestra el claro y avanzado sentido defensivo y de organización del terreno que tenían en el imperio tihuanacota para desarrollar tácticas de combate y estrategias de control y dominio de sus enemigos.

VALOR CULTURAL DE PAN DE AZÚCAR.

Pan de Azúcar llega a ser una de las mayores expresiones de la cultura tihuanacota ubicada en la tercera época de su mayor apogeo por la construcción de obras con bloques trabados en forma de “T” o con cuñas, junto con el flujo de ideografías cósmicas y mítico-religiosas.

En esta época de apogeo se caracterizan por la arquitectura y las obras de ingeniería, donde las piedras eran cortadas con precisión matemática. Muchos de estos detalles se pueden observar en Pan de Azúcar, razón por la que se hace una aproximación en el sentido de que probablemente, pertenezca a esta gran cultura andina, considerada la cuna de la civilización (POSNANSKY: 1940).

Sin embargo esta relación de apogeo arquitectónico estaba acompañada por un desarrollo espiritual dado por la cosmovisión y las prácticas religiosas realizadas en los lugares construidos, que además del uso militar o social, también tenían un uso para fines rituales.

Pero además de los ritos religiosos, hay otras relaciones maravillosas que existe entre Pan de Azúcar y los principales lugares, que con el uso de las figuras geométricas se llegan a descubrir relaciones enigmáticas que abren las puertas a mayores y futuras investigaciones.

Si se forma un circulo con el centro del mismo ubicado en Tihuanacu, se puede observar que la figura geométrica toca en su recorrido circular a poblaciones y lugares como: Achacachi, Chacaltaya, La Paz, Pan de Azúcar, Comanche, Andrés de Machaca y Copacabana (siguiendo el sentido de las agujas del reloj desde el norte).

Pero también se forma un triángulo que parte de Pan de Azúcar, se une con Andrés de Machaca, formando la base del triángulo, y desde ambos puntos se une con Achacachi, para formar la figura triangular; en cuyo recorrido pasa por lugares también de mucho interés.

Por otro lado, si cambiamos de epicentro de Tihuanacu a Pan de Azúcar, los resultados son aun más interesantes por que permite observar lo siguiente: En su recorrido en el mismo sentido de las agujas del reloj, desde el norte que sería el Huayna Potosi, con Chacaltaya a sus faldas, en su recorrido toca lugares como el Mururata, el Illimani, Cerro Pacuani, Coro Coro, Cerro Quinsa Chata, Tihuanacu y Pucarani.

Pasando ahora al uso de las líneas rectas, si se traza una línea desde el lago Titicaca, desde la población de Achacachi, se puede observar que esta línea une a Huarani, Pucarani, Laja, Viacha, Cerro Letanias y Cerro Pan de Azúcar.

Y partiendo desde Eucaliptos, trazando la línea recta se observa que se une a Sica Sica, Patacamaya, Ayo Ayo, Calamarca y Pan de Azúcar.

Pero no solo es que están alineados estos lugares, sino que también están a una equidistancia entre Pan de Azúcar a Achacachi, como de Pan de Azúcar a Eucaliptos.

Lo mismos sucede con una línea recta que partiendo de Pan de Azúcar en direcciones opuestas, hay una equidistancia entre Charaña-Pan de Azúcar con Covendo-Pan de Azúcar.

 

Esto hace pensar que existen relaciones extraordinarias que se pueden observar con el uso de figuras geométricas, que permitirán comprender relaciones telúricas con un gran contenido de energías que ya manejaban en el gran imperio tihuanacota, razón por la cual unían sus rituales con la fuerza militar, es decir, donde hacían rituales, está presente la fuerza y energía militar que le daba el complemento de poder.

VALOR MILITAR DE PAN DE AZÚCAR EN EL SIGLO XIX.

Sin lugar a dudas, por los testimonios que manifiestan los hechos, el mayor valor militar de Pan de Azúcar se da después de la victoria de Ingavi, oportunidad que esta fortaleza recobra su valor histórico con el trabajo realizado por el ingeniero Felipe Bertres.

La orden fue dada por el gran Mariscal de Ingavi, José Ballivian, pese a la muerte del principal gestor de las invasiones peruanas a territorio boliviano, el Gral. Gamarra, no se descartaba una posible nueva invasión del Perú, en represalia a la derrotada sufrida.

En ese sentido, el ingeniero Bertres comenzó a trabajar en esta fortaleza, por lo que se le da el verdadero sentido militar de defensa y de gran valor estratégico, como fue en la Campaña de Ingavi.

De esta época republicana, a mediados del siglo XIX aproximadamente, entre el año 1841 al año 1843, es que se construyeron los torreones en forma de punta de lanza, que hasta el día de hoy se aprecia. Respeto la forma pentagonal del bastión y continuo aprovechando los círculos que forman las trincheras adelantadas, para dar profundidad al sentido de defensa que tenia la fortaleza militar de Pan de Azúcar.

VALOR RELIGIOSO DE PAN DE AZÚCAR EN LA ACTUALIDAD.

Otro aspecto del que no se puede dudar, es el carácter religioso que tiene Pan de Azúcar, es que no se puede desprender en sentido guerrero del sentimiento religioso, la fe y la creencia lo lleva al guerrero a enfrentar las campañas, con la seguridad del triunfo o de encomendar su vida al Todopoderoso.

En este sentido, no cabe duda que Pan de Azúcar, como fortaleza militar, también fue el lugar sagrado de realización de ritos y misterios religiosos. La misma forma de Pan de Azúcar, tiene mucha relación con el “signo escalonado” que es el basamento del ídolo Sol, por lo tanto, siendo Pan de Azúcar con la forma del signo escalonado, entonces es la base que guía a todo guerrero como la energía y la luz que irradia el Sol. Esta ideografía cósmica y mítico-religiosa, como es el signo escalonado o cordillera, representa las estilizaciones típicas de la cultura tihuanacota.

No se puede dejar de lado la relación que existe entre el guerrero y la religión, mas todavía en la cultura tihuanacota, en la que la Puerta del Sol, muy bien llamada puerta monolítica, tiene la representación simbólica de su máxima creencia religiosa que es el Sol, acompañado de ideografías que simbolizan un homenaje al guerrero, como el que se encuentra en la parte superior, acompañado por símbolos astrológicos en la parte inferior.

En la actualidad, este tipo de ritos persisten, son realizados en el torreón mayor, que se supone están unidos por escalinatas que van hacia el mundo de “abajo”, se mantienen en la “superficie” y se proyectan al mundo de ”arriba”, como si quisieran alcanzar los astros y el cielo.

  

CONCLUSIONES.

Por los diferentes enfoques de la investigación de Pan de Azúcar como fortaleza militar precolombina y del siglo XIX, se demuestra el gran desarrollo arquitectónico y cultural que tiene este patrimonio militar y cultural del Estado Plurinacional, en base al manejo de las figuras geométricas, permite descubrir interesantes relaciones guerreras, religiosas y simbólicas, que persisten hasta el día hoy, pese a los miles de años transcurridos, por lo que se denomina a esta cultura milenaria y reconocida como una raza de bronce, en el sentido figurado, por la resistencia a todo tipo de inclemencias geográficas y culturales, que permite su subsistencia, a decir del historiador Alcides Arguedas

El estudio de Pan de Azúcar desde la relación militar y religiosa, trasciende hasta el pasado histórico más lejano, por miles de años atrás, que va más allá de una simple relación de complementariedad guerrera con lo mítico-religioso, sino que reafirma la investigación realizada por el profesor científico que denomina a la cultura tihuanacota, como la cuna de la civilización, de la cual es parte Pan de Azúcar, en su expresión guerrera y religiosa.


La Paz, Junio de 2010.


[1] Felipe Bertres, de origen francés radicado en la Argentina emigró a Bolivia y encaró varios trabajos de ingeniería en el Siglo XIX (Gisbert Teresa, Ob. Cit., Pag. 69)

 

[2] MESA JOSE DE, GISBERT TERESA en “Monumentos de Bolivia”, La Paz; 1978; pags. 143, 144

Un pensamiento en “FORTALEZA MILITAR PAN DE AZUCAR

  1. Gracias por la información me gusto el trabajo de investigación siempre quise saber cual era el significado del magestuoso cerro Pan de Azúcar

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