SOLSTICIO DE INVIERNO EN TIWANAKU


 

 

 

♦ SOLSTICIO DE INVIERNO EN LA CAPITAL IMPERIAL DE TIWANAKU

 

 WALDO VILLAMOR MICHEL

 

 

El ciclo solar determina el 21 de junio de cada año el inicio de la estación del invierno en el hemisferio sur, mes que en la región Aymara del mundo andino se lo conoció con el nombre de UYPI PACHA (tiempo de escarcha y en la región Kechua como AWKAY KUSKI KILLA (mes de la cosecha y descanso de la tierra).

Los antiguos diccionarios de origen colonial de idioma Aymara o Kechua, como los de Ludovico Bertonio (1612), Domingo de Santo Tomás (1560), Diego González de Holguin (1607) y Diego de Torrez Rubio, así como también crónicas españolas de los siglos XVI y XVII, al referirse a las fiestas que se celebraban en el mes de junio, relatan que en este mes se realizaba en todo el Estado Inka, la fiesta del Inti Raymi, durante la cual, según Polo de Ondegardo (1571): “se sacrificaban cien carneros guanacos, y decían que era la fiesta del Sol. En esta mes se hacían gran suma de estatuas de leña labrada de quishuar, todas vestidas de ropas ricas y se hacía el baile que llamaban Cayo. Y en esta fiesta se derramaban muchas flores por el camino y venían los indios muy embijados y los señores con unas patenillas de oro puestas en las barbas y cantando todos. Hace de advertir que ésta fiesta cae casi siempre al mismo tiempo que los cristianos hacemos la solemnidad de Corpus Christi”.

Asimismo Alonso Ramos Gavilán (1621), nos informa que en la región del Kollasuyu, vale decir en la Isla del Sol, se realizaba en la fiesta dedicada al Sol una ceremonia especial con la misma solemnidad que en el Cusco, en torno a la Peña Sagrada, que para esta oportunidad era lujosamente adornada por considerar los Inkas que la isla Titikaka, era su lugar de origen.

Como se puede apreciar existía durante la época colonial temprana, una estrecha relación entre el fenómeno estelar del Solsticio, el Inti Raymi y la fiesta de San Juan, enmarcado todo esto dentro de las prácticas agrícolas de la población andina.

Un vez que las autoridades españolas prohibieron la celebración del Inti Raymi, la población indígena volcó su mirada a la fiesta católica del Corpus Christi, como una forma de continuar con sus prácticas religiosas posibilitando que en muchos ayllus, los rituales agrícolas de carácter regional continuaron en práctica, orientados a agradecer con ofrendas a la Pachamama, por los frutos recibidos y al mismo tiempo dar inicio al descanso de la misma hasta el mes de septiembre durante el cual se festejaba el Equinoccio de primavera llamado Situa, fecha que a su vez se iniciaba las labores de siembra.

Desde la época de los años treinta del siglo XX, quienes conformaban la Sociedad Boliviana de Arqueología de Bolivia a iniciativa del Ing. Arturo Posnanasky, se trasladaban anualmente al sitio arqueológico de Tiwanaku, en concreto dentro de l templo de Kalasasaya, ubicándose frente al muro Este, con el fin de observar la salida del Sol y recibir los primeros rayos solares del Nuevo Año Aymara

Posteriormente el año 1986 el por entonces Instituto Nacional de Arqueología de Bolivia (INAR) junto a la sociedad de estudio Taypi Kala y la empresa de turismo Bea Tours, decidieron proyectar hacia toda la sociedad las ceremonias que por entonces se efectuaban únicamente al interior de algunos ayllus aymaras del valle de Tiwanaku; habiendo participado en la primera convocatoria los Yatiris de la comunidad de Baraya, uno de los ayllus aymaras más antiguo del mencionado valle.

La puesta en marcha del proyecto de revalorización de la ceremonia y fiesta del inicio del Nuevo Año Aymara, en el templo de Kalasasaya, tuvo su culminación el año 1990, cuando finalmente se nombraría a cuatro Yatiris de Tiwanaku, en representación de las 24 comunidades del valle, asegurando de esta manera la continuidad de la mencionada ceremonia andina.

La proyección turística motivada por la citada fiesta andina del Solsticio de invierno en Tiwanaku, propicia en la actualidad la asistencia de varios miles de turistas extranjeros y nacionales, para ver la salida del astro rey, recibir los primeros rayos solares; participar del milenario culto al Sol lleno de profundo contenido ritual y de acercamiento a la naturaleza y dar la bienvenida al Nuevo Año.

La única condición que pide el pueblo aymara al forastero que llega cada fiesta invernal del 21 de junio a Tiwanaku, es el respeto que deben guardar por las tradiciones y cultura andina que se practican en uno de los sitios arqueológicos más importantes de América del Sur.

  

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 FACIL ES JUZGAR LOS ERRORES DE OTROS. DIFICIL ES RECONOCER NUESTROS PROPIOS ERRORES.

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